Nuestro hogar en Las Catalinas, Costa Rica, se llama Sympatheia, en honor al concepto estoico — asociado principalmente con Marco Aurelio — que describe la interconexión y la interdependencia de todas las cosas. Elegimos ese nombre porque refleja lo que nos propusimos crear: un hogar centrado en la familia, la comunidad y la conexión, tanto entre las personas como con el lugar que nos rodea.
- Cómo Descubrimos Las Catalinas
Visitamos Las Catalinas por primera vez en 2015 y nos cautivó de inmediato su diseño libre de automóviles. Al no haber vehículos, los niños pueden correr y jugar con total seguridad, y los residentes llevan un estilo de vida activo casi sin proponérselo, simplemente caminando a todas partes en lugar de reservar un momento específico para hacer ejercicio.
Hay un recuerdo que fue decisivo en nuestra decisión de construir aquí: ver a nuestros hijos pequeños jugando en la playa con niños costarricenses. No compartían el mismo idioma, pero eso no importaba; el juego era su lenguaje común. Para nosotros era muy importante que el pueblo fuera abierto y no una comunidad cerrada, con playas compartidas entre residentes y locales, para que nuestra familia pudiera vivir la auténtica cultura costarricense y no una versión aislada de ella. Esa apertura, junto con la posibilidad de recorrer el pueblo caminando y el fuerte sentido de comunidad que esto genera, fue lo que finalmente nos convenció de construir nuestro hogar en Las Catalinas.
Una vez tomada la decisión de construir, encontramos una casa en Costa Rica cuyo diseño admirábamos y descubrimos que su arquitecto era Jason Bernard, de Lake Geneva Architects, con sede en Wisconsin, muy cerca de nuestra propia casa. Nos pareció una elección natural: compartía nuestras raíces y sensibilidad del Medio Oeste de Estados Unidos y ya había diseñado una residencia en Las Catalinas cuyo estilo nos encantaba.
En ese momento, este sería apenas su segundo proyecto frente al mar; la mayor parte de su experiencia había sido diseñando casas junto a lagos en el Medio Oeste. Ese recorrido aportó una perspectiva claramente norteamericana en cuanto a escala, distribución y funcionalidad: habitaciones amplias, clósets generosos y proporciones pensadas para la forma de vivir de una familia. El resultado es una casa que se siente profundamente costarricense en espíritu, pero diseñada con la comodidad y funcionalidad propias de Norteamérica.
- Filosofía de Diseño: Salud y Movimiento como Parte de la Vida
Decidimos deliberadamente no incluir un ascensor en la casa. Hay muchas escaleras, y esa fue una decisión intencional: queríamos que nuestro propio hogar nos motivara a mantenernos físicamente activos para que recorrerlo siempre fuera algo natural y nunca una dificultad. Un ascensor podría añadirse en el futuro si fuera necesario, pero dejarlo fuera fue una extensión de la misma filosofía de salud y movimiento que originalmente nos atrajo a Las Catalinas.
- La Historia de la Escalera
Existe también una historia más personal. Junto a la cocina, una escalera de caracol desciende un nivel hasta la suite principal. Fue una incorporación de último momento y, al principio, Boyd se oponía porque implicaba un costo adicional y, desde un punto de vista puramente arquitectónico, parecía innecesaria.
Sin embargo, Susanne quería una forma privada de bajar a la habitación por las mañanas sin encontrarse con nadie antes de tomar su café. La modificación estuvo a punto de alterar considerablemente los planos cuando la construcción ya estaba avanzada, pero terminó teniendo razón. Hoy en día, Boyd es quien utiliza esa escalera casi exclusivamente, ya que resulta ser el recorrido más directo entre la cocina y la suite principal.
- Espacios Privados y Espacios Compartidos
Diseñamos la casa buscando un equilibrio entre la convivencia y la tranquilidad. Susanne, especialmente, quería pequeños rincones privados distribuidos por toda la propiedad: un balcón para tomar café al amanecer, un rincón silencioso para leer o simplemente un lugar donde cualquiera pudiera disfrutar de un momento de calma antes o durante el día.
Más que buscar aislamiento, la idea era que, en una casa frecuentemente llena de familiares e invitados, cada persona pudiera contar con un espacio propio cuando así lo deseara.
Al mismo tiempo, la vivienda se abre hacia amplias terrazas y jardines en distintos niveles, donde detrás de cada esquina aparece una nueva vista o un nuevo rincón verde. Gracias a ello, la propiedad funciona igual de bien para grandes reuniones familiares —hemos celebrado bodas y bar mitzvahs— como para estancias mucho más íntimas y tranquilas.
- Los Jardines, la Cancha de Bocce y el Puente
Susanne es una apasionada de la jardinería, y el clima de Costa Rica ofrece condiciones ideales para cultivar prácticamente cualquier especie. Hoy contamos con lo que creemos es el jardín privado más grande de Las Catalinas, con una amplia colección de árboles frutales y plantas ornamentales.
Un terreno plano que originalmente no tenía uso se convirtió en una cancha de bocce, inspirada por un viaje a una región vinícola años atrás, donde descubrimos cuánto disfrutábamos este deporte a pesar de no tener experiencia previa. Más adelante incorporamos también un espacio para jugar cornhole y otras actividades al aire libre.
Uno de los elementos más personales del diseño es el puente, concebido por Susanne para conectar la casita de huéspedes con la residencia principal. Su intención era que quienes se hospedaran en la casita se sintieran realmente integrados al hogar y no separados de él. Un puente resolvía ese objetivo y, además, evitaba la construcción de una gran escalera que habría interrumpido el jardín. Hoy el puente cruza sobre un sendero, permitiendo contemplar el jardín desde arriba o recorrerlo caminando por debajo. En el interior de la casa, una fuente y un espejo de agua aportan sonido, movimiento y serenidad, elementos que consideramos esenciales en un entorno como Costa Rica.
- Diseño Interior y Artesanía Local
El diseño interior estuvo a cargo de Laurel-DD, un estudio de diseño con sede en San José dirigido por su directora de diseño, María José.
Para Susanne era muy importante colaborar con diseñadores costarricenses y artesanos locales, en lugar de importar mobiliario. Como resultado, prácticamente todos los muebles de la casa fueron fabricados a la medida en Costa Rica utilizando materiales locales, una decisión fundamental para que la vivienda estuviera profundamente conectada con el lugar donde fue construida.
- La Herencia Familiar Reflejada en el Arte
Tanto Boyd como Susanne crecieron en granjas, y esa historia personal está presente en toda la casa a través de fotografías y obras de arte que representan ganado y escenas propias de Guanacaste, una región históricamente vinculada a la cultura sabanera.
Susanne creció en una finca ganadera, por lo que encontró una conexión muy natural entre sus propios orígenes y las tradiciones ganaderas de Guanacaste, incorporándolas como un hilo conductor dentro de la decoración del hogar.
Llamamos a la casa Sympatheia por el concepto estoico mencionado al inicio: la idea de que todas las cosas están conectadas entre sí.
Ese nombre resume tanto el diseño de la casa —donde los espacios privados se entrelazan con las áreas comunes y la casita se une a la residencia principal mediante un puente literal— como los valores que nos llevaron a Las Catalinas y que siguen guiando nuestra vida: la familia, la comunidad, la salud y la conexión con el lugar que llamamos hogar.
Para conocer más sobre la casa terminada, visite villasympatheia.com.